Viviendo mi pérdida

Este artículo tiene como objetivo brindar una orientación a aquellas personas que les ha tocado en algún momento de su vida acompañar aquellos enfermos terminales o vivir un duelo.

22 ENE 2018 · Lectura: min.
Viviendo mi pérdida

Cuando nos encontramos ante la noticia que un ser querido sufre de una enfermedad terminal, en muchas ocasiones no sabemos cómo reaccionar. Es por esto que se convierte en todo un reto aprender a dar consuelo y apoyo a la persona que está pasando por esta situación y a sus familiares más cercanos.

Dentro del proceso de duelo, la aceptación es la respuesta más deseable que se espera, aprendiendo a vivir lo más plenamente posible, aceptando que se está viviendo con una enfermedad terminal. Pero para la persona que padece dicha enfermedad no resulta tan fácil lograr esto.

No existen formas correctas o incorrectas cuando se trata de aceptar la muerte. La primera reacción de toda persona que se encuentra ante una noticia tan devastadora como esta, es la negación; la cual es utilizada como un mecanismo de defensa, una manera natural de protección que permite que la persona poco a poco vaya contemplando y aceptando la posibilidad de morir.

Es en estos momentos cuando la persona siente que pierde el control de su vida y de todas sus funciones corporales, considera que se convertirá en una carga para su familia y que esto les producirá sufrimiento.

Muchos desean proporcionar apoyo emocional y espiritual para alentar a la persona a que hable acerca de sus temores, lo cual debe hacerse sólo si la persona se siente lista para hablar de lo que le está sucediendo.

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Una de las mejores formas para que los familiares y personas cercanas puedan ayudar al paciente moribundo a aceptar esta situación es haciéndole sentir amado más allá de la muerte, es importante que puedan mostrar sus emociones frente al enfermo, sin que sienta que se le tiene lástima por lo que está viviendo, sino simplemente seguir llevando sus vidas de la manera más normal posible y que hay esperanza para mejorar su calidad de vida.

Elizabeth Kübler-Ross (1969) propone el siguiente modelo de cinco fases por las que pasa cualquier persona que está frente a un diagnóstico de enfermedad terminal y ante el pronóstico de muerte:

  • Negación: la persona rehúsa a creer que el asunto tenga que ver con ella.
  • Rabia: De pronto el paciente terminal se da cuenta de que su situación es realmente seria y se convierte en una persona llena de ira, echando la culpa de su situación a sí mismo, a la familia, a los médicos, a Dios y a casi todo el mundo.
  • Negociación: En esta fase el enfermo intenta alterar de algún modo su condición por la vía de un acuerdo que, generalmente, se establece con Dios.
  • Depresión: En esta fase el enfermo intenta alterar el panorama y las promesas no funcionan. Simultáneamente el tiempo empieza a acabarse.
  • Aceptación: Cuando el paciente permanece enfermo durante largo tiempo, seguramente lograra alcanzar esta última fase. Consiste en superar la depresión y aceptar la muerte de forma tranquila.

Cabe resaltar que no todos los enfermos terminales llegan a pasar por estas fases y no necesariamente se dan en este orden y que, aunque pareciera que se ha superado alguna es posible que se pueda volver a manifestar, especialmente cuando se observa una aparente recuperación.

Es importante que tanto el paciente como sus familiares busquen apoyo terapéutico y espiritual para enfrentar el problema, ya sea a nivel grupal o individual, lo que les permitirá llevar un adecuado proceso de aceptación de la enfermedad, una apropiada preparación para el momento de la muerte y el posterior manejo del duelo. Esto permitirá que cierren procesos y hará que el paciente no se sienta extraño. El quedarse solo con él y demostrarle sus sentimientos son momentos que pueden quedar imperecederos en la mente de todos; cabe recordar que el tiempo es lo menos que se tiene, y hay que actuar de inmediato y no perder la oportunidad de demostrar lo importante que es la persona que se va.

Conocer cómo podemos ayudar al enfermo terminal y a sus familiares a afrontar la situación por la que se está pasando, las reacciones y sentimientos que suelen aparecer, el proceso interior que se está viviendo, y todos los obstáculos y preguntas que puedan llegar a surgir antes, durante y después de la muerte, es una manera sana de afrontar esta experiencia.

Una fuente importante tanto en la enfermedad como en el duelo es la soledad. Es de gran consuelo para aquellos que están pasando por esto, sentir que se es escuchado, comprendido y que no se ésta solo.

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El duelo es doloroso, y no podemos hacer nada para evitarlo. La vida es una sucesión continua de pequeñas y grandes pérdidas. Estamos acostumbrados desde que nacemos a hacer duelos y adaptarnos a todos estos cambios por duros que sean.

Cuando se está inmerso en un profundo dolor sentimos que nunca vamos a salir de él, porque sabemos que nunca se va a recuperar al ser querido. Pero, así como el sol se esconde al llegar la noche, así mismo el dolor pasará. No se trata de olvidar ni de abandonar al otro, que es el gran temor de todos los que se encuentran en duelo. Se trata de encontrar un lugar en nosotros mismos donde la muerte no puede llegar… Un lugar en el que se siga queriéndolo hasta el último aliento pero que al mismo tiempo nos permita volver a nacer a la Vida.

Pequeñas cosas que se pueden hacer para ayudar al enfermo terminal y a sus familiares

Lo que la persona próxima a la muerte desea:

  • Contar con alguien con quien poder compartir sus miedos y dudas.
  • Tener alguien a su lado o agarrando su mano.
  • Tener la oportunidad de orar a solas.
  • Que otros oren por él o con él.
  • Que alguien le brinde paz espiritual.
  • Tener a alguien que le lea.
  • Asistir a un templo o lugar sagrado antes de dejar el cuerpo. Si esto no es posible se puede crear un lugar sagrado cerca de la persona y que esto le ayude como refugio de su alma y en Dios.

Muchos enfermos próximos a la muerte lo único que desean es tener a su lado una persona calmada e introspectiva que esté presente frente a tantos cambios súbitos, caos y confusión que se presentan durante el proceso de la muerte.

Lo que se debe aprender en familia

  • Los momentos finales son la última oportunidad para compartir cariño y afecto con el enfermo.
  • Redistribuye las tareas y funciones que el paciente tenía, esto lo hará sentir más tranquilo.
  • Cuida del paciente, respondiendo por sus necesidades tanto físicas como emocionales. Proporciónale todo el tiempo la atención que requiera, bajo la premisa de la terapia de oídos, hombro y abrazo (Oídos para escuchar, hombros para ser su apoyo y abrazo para demostrarle cuanto le amas).
  • Acepta que se puede necesitar de una persona ajena a la familia para el cuidado.
  • Despídete del paciente y dale permiso de morir (no vibres en el apego).

Actos simples que se pueden realizar para acompañarlo

  • No lo rechaces: sé el amigo… el ser amoroso que siempre has sido.
  • Tócalo: con un simple apretón de manos le puedes hacer saber cuánto te importa.
  • Llora con él: cuando él lo haga y también ríe con él. La enfermedad aísla, ayúdalo a seguir en contacto con los demás.
  • Invítalo a salir a pasear: Sin olvidar sus limitaciones.
  • Llama y pregunta si desea algo en especial: y si puedes llévaselo.
  • Ayuda a su familia: invítalos a salir, ellos también sufren, ofrécete a quedarte con el enfermo mientras ellos toman un descanso.
  • Habla acerca de lo que pasa: en ocasiones desea hablar de lo que pasa, pregunta si lo desea y sin temor a hacerlo sentir mal.
  • Escúchalo: cuando hablen, quizá no necesita de tu opinión, tal vez sólo necesite desahogarse, ten la paciencia necesaria para escucharlo y la sabiduría para no juzgarlo.
  • Acude a su lado con una actitud positiva: ser realista no significa dejar de buscar algo bello detrás de cualquier circunstancia, por dura que sea.
  • Reza por él: y comparte sus actos de fe.
  • Dale permiso de morir: el verdadero amor no amarra, muere de su enfermedad, no de su amor hacia ti.

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Que debe hacer la familia y amigos cuando la muerte se acerca:

  • No existe una fórmula mágica sobre el "qué hacer", todo dependerá de la historia familiar. La muerte no cambiará emociones, afectos o actos previos si en vida no se trabajó para ello; por lo que en todos aquellos momentos en los cuales tu ser querido te permita acercarte y expresar sus emociones, aprovéchalos, son una oportunidad única para establecer un lazo de amor sin apegos que permitirán que tanto quien muere como quien acompaña tengan la sensación interna de que pueden despedirse y aceptar el dejarse de sentir físicamente sin remordimientos.
  • Quien está en proceso de morir escoge al que lo acompaña en el momento de cese de sus funciones corporales, algunos lo hacen muy rodeados, otros incluso solos. No te desgastes pensando que el pago a sus cuidados debe ser presenciar el instante mismo de la muerte, simplemente permanece a su lado, y cuando lo hagas, entrégale todo tu amor. Simplemente sigue tu corazón, si quieres puedes elevar una plegaria, colocar música, permanecer en silencio, o simplemente haz lo que sientas que debes hacer.
  • No te desgastes tomando decisiones médicas en este punto, habla con su médico antes de este momento para prever las situaciones por venir y poder enfocarte en acompañar al enfermo.
  • Si lo deseas, no temas en pedir apoyo espiritual, no importando su credo, pero sin imponer tus creencias a quien muere si en vida no las compartieron, permite que sea quien parte el que elija su espiritualidad.
  • Este es el momento más apropiado para, de corazón despedirse sin dejar heridas entre quienes lo necesiten hacer, bríndale amor sin esperar nada a cambio, más que la sensación interna de crecimiento.

Como reconocer que las cosas están fuera de control (y pedir ayuda urgente)

  • Si notas que el paciente está sufriendo.
  • Si cada día te sientes más exhausto, depresivo, intolerante o rabioso, no duermes ni comes bien.
  • Si sientes que no hay otra persona a la que acudir en caso de requerir ayuda.
Encontrando fortaleza
Cuando un ser querido muere, la persona siente que muere con él y que su vida nunca más será igual.

Para los vedas, sólo el recibir el Amor y la Gracia de Dios puede sanar el dolor de la pérdida profunda que ese ser; y en muchas ocasiones esta ayuda divina viene representada en un amigo, un familiar o un consejero. En otras ocasiones esa ayuda viene directamente de la voz divina que alberga en el corazón.

Cómo continuar…

Después de la muerte de un ser querido es importante darse el tiempo de luto o duelo para sanar las heridas que son causadas por la pérdida. Ignorar esta necesidad no es saludable para la mente, el cuerpo y el espíritu.

¿Pero qué es el duelo? Es la respuesta psicológica (sentimientos y pensamientos) que se da después de la partida de un ser querido. Esta respuesta es totalmente subjetiva, pues dependerá tanto de las estructuras de pensamiento como emocionales de cada persona, pudiendo involucrar o no síntomas físicos.

El duelo es un proceso en movimiento, el cual conlleva cambios y diversas formas de expresión.

Etapas del Duelo

Aunque ninguna persona elabora el duelo de la misma forma, si existen algunas etapas o fases que se llegan a experimentar.

Choque o aturdimiento: esta etapa se da en el momento en que se conoce del deceso de la persona y puede durar horas o días. En esta fase, la persona puede experimentar sensación de anestesia sensorial y puede creer que no siente nada o simplemente no logra expresar el dolor.

Búsqueda y añoranza: esta fase puede durar varios meses. Esta marcada por la ansiedad y el intenso dolor, llevando al doliente a la búsqueda de la persona pérdida. Se puede presentar llanto incontrolado, problemas para dormir, frustración, ira -hacía Dios, los médicos, el fallecido, etc.-, puede sentir la presencia, olor y voz del ser querido.

Finalmente se llega a la aceptación de que el ser querido se ha ido y ya nunca más regresará.

Desesperación y desorganización: cuando la etapa de búsqueda y añoranza se ha finalizado, se presenta un período de desesperación y desorganización en la vida del doliente. Esta es una de las fases más dolorosas del duelo. Puede durar un año o más. Es acá donde el doliente "toca piso", es decir, racionaliza la pérdida, comienza a perder energía sintiéndose agotado y abatido físicamente. Se pueden comenzar a presentar conductas como consumo de alcohol, drogas, aumento en el horario laboral, etc. A nivel emocional puede llegar a tener pensamientos de querer morir, lo cual conlleva a la aparición de enfermedades o agravar las que tenga. Es frecuente la pérdida de peso, la falta de apetito, sentimientos de culpa ("pude haber hecho más"), insomnio o pesadillas, agresividad.

Reorganización y reintegrarse al mundo: Puede durar de uno a tres años. La persona retoma su vida, se adapta de forma consciente a la nueva realidad.

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Tareas para salir adelante

  • Reconocer la pérdida en todos sus aspectos y aceptar que es irreversible.
  • Liberar y expresar tanto las emociones como los sentimientos que generan el duelo.
  • Descubrir y desarrollar nuevas habilidades que lo lleven a reconstruir su mundo interior herido y que necesita ser fortalecido.
  • Reinvertir la energía emocional que entregó al fallecido en nuevas o existentes relaciones o intereses, abriéndose a nuevas experiencias en la vida.
  • Cada persona puede experimentar las fases del duelo de manera diferente, lo importante es que se tome el tiempo necesario para vivirlo y normalizar las funciones y acciones que han sido alteradas después de la pérdida del ser querido; y se de permiso para vivir de forma auténtica, natural y honesta las emociones y sentimientos.

Una señal clara de que el duelo ha sido superado es poder recordar al fallecido sin el sentimiento de desesperación y sufrimiento, que le causo su pérdida.

Terminar un duelo, no quiere decir que se olvide al ser querido, por el contrario, significa recordarlo con amor, agradecimiento y ternura.

Si estás pasando por una situación como ésta y sientes que necesitas ayuda, no dudes en buscarla…

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Escrito por

Dra. Ángela María Sánchez R.

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