Cuando de relaciones se trata...¿Qué es el apego?

El apego como necesidad universal y motivación de establecer vínculos afectivos a lo largo de nuestras vidas.

18 ABR 2021 · Lectura: min.
Cuando de relaciones se trata...¿Qué es el apego?

Desde el momento que somos concebidos, se empiezan a construir vínculos o uniones principalmente con nuestra madre y posteriormente, cuando venimos al mundo, lo hacemos con otras figuras incluyendo a las figuras que generen cuidado o cuidador principal, las cuales son necesariamente eficaces y deben estar presentes para la supervivencia y buen desarrollo del niño. El apego se refiere al vínculo que se establece entre un bebé y sus cuidadores principales y que provee al niño de seguridad y regulación de los estados internos. Algunas funciones que desarrollaremos en la edad adulta, empiezan en los primeros años y se explican a través del apego (Sarmiento, 2020).

«Si te das cuenta de que todas las cosas cambian, no hay nada a lo que puedas aferrarte». Lao Tzu.

La Teoría del Apego, propuesta por John Bowlby y basada en una concepción evolucionista, enfoca en la importancia de las experiencias con los cuidadores durante la primera infancia, la niñez y adolescencia de los menores, como determinantes principales de la conducta del individuo y su sistema organizativo. Por otro lado, esta teoría se ha enriquecido gracias a las aportaciones de autores como Rothbaum, Rosen, Ujie y Uchida (2002), quienes desde su planteamiento explican las importantes similitudes y complementariedades entre la teoría de sistemas familiar y la teoría del apego, aportando una interacción y ampliación en las concepciones.

Siendo así, que la naturaleza del apego se advierte como esencialmente afectiva y de carácter no innato, parece que se sustenta sobre bases genéticamente determinadas, se desarrolla a partir de interacciones con las personas del entorno inmediato, básicamente en la infancia y adolescente, y se va a mantener, relativamente, estable a lo largo de la vida (Gayá, Molero y Gil, 2014).

Por consiguiente, la calidad del apego, según se recoge, va a estar directamente relacionada con el tipo de respuestas que proporciona el cuidador principal, de tal manera que, como se ha señalado, la sensibilidad materna y la calidad del apego serán ingredientes esenciales para que un niño evolucione adecuadamente, sea socialmente competente y desarrolle un estilo de apego seguro. Ese lazo afectivo o vínculo que hemos ido definiendo como apego, puede tener un signo positivo o negativo, la existencia de vínculo no debe presuponer la bonanza del mismo (Gayá, Molero y Gil, 2014).

El apego y sus vínculos en las relaciones de pareja

El evolucionismo del cual se basa la teoría del apego de Bowlby, podría comprender el hecho que precisamente la evolución, nos ha programado para elegir a un individuo en particular de nuestro entorno y convertirlo en alguien valioso para nosotros. Estamos hechos para depender de una figura significativa. Esta necesidad comienza cuando estamos en el útero y termina cuando morimos. Ya que contar con alguien que nos brinde protección y seguridad, posibilita más la supervivencia.

Desde el punto de vista emocional… ¿cómo surge el apego?

Una vez que se está seguro de que la otra persona va a estar presente de manera incondicional, surge el apego y hace que aparezca cierta empatía, la comunicación emocional y también el amor entre estas personas.

¿Cognitivamente cómo surge el apego?

La propia existencia de una relación de apego, conlleva a la construcción de un modelo mental de dicha relación. Existe la posibilidad de que la figura de apego cambie a lo largo de la vida.

El apego en las relaciones adultas 

Desde el modelo biopsicosocial planteado por Bowlby, el apego como se ha conceptualizado al inicio, detalla de forma clara, la manera como los individuos establecen relaciones con otras personas cercanas, bien sea sus padres, hijos y parejas sexuales. La forma en que nos relacionamos se aprende durante la etapa de la infancia temprana, la cual servirá de patrón en las siguientes formas de relacionarse íntimamente, durante toda la vida de un individuo. Particularmente las personas a adultas, que manifiestan un tipo de apego seguro, probablemente han internacionalizado una relación funcional de confianza inicialmente con sus padres o cuidadores más cercanos en su infancia; por consiguiente, tendrán mejor sistema de afrontamiento y con ello se podrán adaptar más fácilmente a las diferentes situaciones que se le presenten y podrá equilibrar de manera adecuada, entre ser autónomo y tener dependencia, para la regulación del estrés.

¿Cómo afectan en la vida adulta?

Basándonos en las definiciones y conceptos acerca del apego, se puede decir que el apego enmarca en gran medida la manera cómo nos vemos, la interpretación que tenemos de las otras personas, del ambiente y las relaciones interpersonales que establecemos; dando especial relevancia a figuras representativas tales como la pareja y los hijos. Teniendo en cuenta que el apego, aunque como vínculo es una parte importante en los seres humano, no es una clasificación de la personalidad. En este sentido y que las personas somos mucho más que el apego, por lo tanto, habrá otras variables que nos afecten en nuestro desarrollo personal: experiencias, ambiente, genética, sociedad, cultura; en otras palabras, todo un conjunto de características psíquicas que hacen parte de la personalidad.

¿El apego es bueno o malo? ¿Cuáles son las consecuencias?

Partamos del hecho que no es malo, el apego es una necesidad humana y universal que tenemos los individuos al crear cualquier tipo de vínculo emocional y afectivo, es necesario y tiene una especial relevancia para la supervivencia del ser humano. Claro está, en esa necesidad es importante tener en cuenta las conductas de apego que se generan en cada individuo, tiene una particularidad y al mismo tiempo una individualidad, dependiendo el grado de aceptación de la imagen de sí mismo que tenemos, como la de las otras personas y el entorno.

Consecuencias negativas asociadas al apego

  • Poca regulación emocional
  • Distorsión de la propia imagen y de las demás personas
  • Dependencia emocional
  • Baja autoestima
  • Evitación de los vínculos cercanos
  • Temor o miedo al abandono
  • Visión del mundo como peligroso o demasiado seguro
  • Visión distorsionada de los otros: como agresores, como manipuladores, como peligrosos o con malas intenciones
  • Visión de uno mismo como inseguro, incapaz, inadecuado, malo, víctima, peligroso, agresor
  • Conductas de protesta: llorar, gritar, agredir, suplicar. Especialmente en momentos que sienten que el vínculo puede romperse o corre peligro
  • Llevar a las parejas a límites, ponerlas a prueba, estar constantemente buscando su aprobación o verificando que las quieren (especialmente en apegos ambivalentes), evitarlas activamente o sentirse atrapados en vínculos cercanos (apegos evitativos)
  • No resolver los duelos adecuadamente
  • No tolerar la frustración o ciertas sensaciones corporales
  • Engancharse emocionalmente a ciertos tipos de persona, incluso aunque éstas puedan ser tóxicas o perjudiciales para uno
  • Aventurarse en experiencias peligrosas o nocivas
  • Desorganización de la personalidad y del concepto del yo
  • Trastornos de la personalidad también se han relacionado con los traumas tempranos de apego
  • Baja capacidad de mentalización (pensar sobre uno mismo, sobre los demás o sobre las relaciones que se establecen), tomar sus pensamientos como ciertos, pensar más motivos de los que realmente existen, aceptar una conducta como la prueba de algo, etc (Sarmiento, 2020).

En la relación de pareja, ¿cómo se da el apego?

Es natural y normal que se presenten apegos en las relaciones de pareja, debido a que a lo largo de nuestras vidas se manifiestan distintas relaciones de apego. En el campo de las relaciones de pareja, desempeñan un papel importante y fundamental, ya que se desarrolla un vínculo que ayuda a la intimidad y el cuidado mutuo de la pareja. La naturaleza del apego en la relación de pareja, es recíproca y se evidencia tanto en la calidad de las relaciones, como en la regulación emocional del afecto, ante situaciones complejas.

En esa necesidad innata del ser humano en cuanto a la representación de sí mismo y la de las demás personas, la cual entendemos por apego, Guzmán (2012) menciona cuatro categorías de apego, en donde se ponen en manifiesto, dos dimensiones importantes, la ansiedad del abandono y la evitación de la cercanía emocional:

  1. El apego seguro: en este tipo de apego, se manifiesta con una idea positiva de sí mismo y de los demás, evidenciando, por tanto, baja ansiedad y evitación ante los contactos interpersonales de mayor intimidad. Las personas con apego seguro, no dudan en aceptar a sus compañeros con todas sus debilidades y fortalezas, tienen una consideración única y especial por su pareja.
  2. El apego desentendido o evitativo: se tiene una idea positiva de sí mismo y negativa de los demás y, por lo tanto, manifiesta baja ansiedad y alta evitación. En lo posible, las personas que tienen este tipo de apego, conectan con sus parejas, pero con cierta distancia mental, se busca a todo lugar una vía de escape para no asumir compromisos en la relación.
  1. El apego preocupado: con una idea negativa de sí y positiva de los demás, acompañada de alta ansiedad y baja evitación.
  2. El apego temeroso: con una idea negativa tanto de sí como de los otros, asociada a alta ansiedad y alta evitación.

¿Conoces cuál es tu tipo de apego?

En ocasiones hemos escuchado hablar de apego o dependencia emocional, algunas veces orientada con una carga negativa cuando se trata de relaciones de pareja. Como se aclara en apartados anteriormente citados, es natural que las personas establezcamos algún tipo de apego o vínculo emocional. Siempre y cuando, el apego que desarrollamos no sea causa de sufrimiento y angustia, ni para sí mismo ni para la pareja.

A continuación, se describen ciertas características de cada uno de los tipos de apego, puedes identificar en cuál estás:

  1. Apego seguro: si te sientes cómodo compartiendo intimidad con tu pareja sentimental y lejos de obsesionarte con la relación o con la capacidad de tu pareja para corresponder a tu amor, te tomas la situación con calma, es decir, tienes niveles bajos de ansiedad por la relación, es probable que tengas un estilo de apego seguro.
  2. Apego ansioso o ambivalente: si deseas intimidad y cercanía a toda costa, pero el futuro de la relación te provoca gran inseguridad y nada de lo que hace tu pareja te tranquiliza, es decir, tienes niveles de ansiedad altos por la relación, es probable que poseas un estilo de apego ansioso o ambivalente.
  3. Apego temeroso: si te sientes incómodo en la intimidad, pero te preocupa la disponibilidad de tu pareja, posees una combinación poco frecuente de apego ansioso y evasivo. Solo una pequeña parte de la población encaja en esta categoría y, si eres de ellos, te podrás beneficiar tanto de la información que se refiere al estilo apego ansioso como la que se describe el evasivo.

¿Entre el amor y el apego?

  • ¿Se te dificulta establecer relaciones interpersonales?
  • ¿Eres incapaz de mantener una relación de noviazgo?
  • ¿Estableces patrones de relaciones tóxicas o perjudiciales?

Si alguna vez te has cuestionado acerca de la manera en cómo se dan tus relaciones interpersonales, es bueno que aprendas a distinguir y comprender, que, en todas las relaciones interpersonales, bien sea familiar, de noviazgo, amigos, pareja, etc, debe darse una comunicación y regulación emocional, que en ocasiones no somos capaces de manejar de forma adecuada; más aún, cuando establecemos apegos poco seguros que, nos generan todo tipo de malestar emocional y sufrimiento.

Para reflexionar

Probablemente mucha de las dificultades que podemos tener en nuestra vida, pueden estar asociadas a la manera como establecemos las relaciones interpersonales; partiendo de una reflexión con nuestros estilos de apego, podemos trabajar de manera consciente, en cambiar ciertos patrones ansiosos y evitativos y establecer estilos de apegos y relaciones más seguras.

Referencias bibliográficas

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Escrito por

Dra. Sandra Isabel Espitia Robledo

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